Otoño caliente. Por Anita Noire

Otoño caliente

Con tanto ardor deben los ciudadanos pelear por la defensa de las leyes, como por la de sus murallas, no siendo menos necesarias aquéllas que éstas para la conservación de una ciudad.
Heráclito de Éfeso

Empieza el mes de septiembre y el ambiente está tan caldeado que vamos a tener que hacer grandes esfuerzos de contención si no queremos que en poco tiempo nos veamos abocados a una confrontación tan importante que nadie esté ya en posición de ningunearla, como está pasando hasta ahora.

En Cataluña se vive mal y decir eso cuando hasta ayer, como aquel que dice, teníamos unas de las mejores economías del país, unas ciudades preciosas y un buen nivel de vida, parece que sea una exageración. Sin embargo no lo es, porque incluso cuando las cosas en apariencia fluían, bajo esa tranquilidad, de «seny» y de «rauxa», había una parte importante de la sociedad que silenciaba el malestar por la imposición y la fagocitación que de la vida pública, y en algunos casos privada, han llevado a cabo los nacionalistas durante décadas, con unos intereses más particulares que pensados para el global de
la ciudadanía.

Pero hace ya muchos meses, más de la mitad de los ciudadanos de Cataluña decidieron dejar de callar y, en la medida de lo posible (no siempre lo es sin sufrir la muerte civil), ha empezado a manifestar su oposición a las tesis xenófobas, supremacistas y excluyentes que acompañan a la ideología nacionalista de los independentistas que en estos momentos, pese a su minoría, pese a sus mentiras, pese a su permanente corrupción, pretenden imponerse frente al Estado de Derecho.

Nos espera un otoño algo más que caliente. La equidistancia es un insulto a la inteligencia y los que todavía aun hoy no se han posicionado deberán hacerlo en algún momento porque toda esta situación tiene que acabar y, mucho me temo, que no quepan las tablas. Sería conveniente no olvidar que solo un Estado de Derecho fuerte puede garantizarnos la libertad, la seguridad e incluso el derecho a discrepar. Acabar con él, de una manera tan absolutamente irracional y suicida como la que están llevando a cabo los independentistas, es abocarnos a tiempos oscuros de los que ya tenemos conocimiento a través de la historia. Ojalá no tengamos que arrepentirnos de haber parido un monstruo que en estos momentos, pese a sus pies de barro, nos tiene presos.

Anita Noire

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